La nafta súper perforó un nuevo techo psicológico en Río Cuarto. Desde la mañana de este miércoles, varias estaciones de servicio actualizaron sus pizarras y el litro se ubicó por encima de los $2.000. Según un relevamiento entre las principales operadoras, el promedio de la Súper quedó en $2.019, con un rango que va de $2.010 a $2.050 según la bandera y la zona.
Claves del aumento
El ajuste combina factores externos e internos. En el frente internacional, el barril de Brent se consolidó sobre los 100 dólares, impulsado por tensiones geopolíticas en Medio Oriente y una oferta que no termina de acompañar la recuperación de la demanda. En el plano local, continúa la actualización parcial del Impuesto a los Combustibles Líquidos, prevista en el Decreto 116/2026, que se viene aplicando de manera escalonada para atenuar el impacto en un solo tramo.
La suma de ambas fuerzas empuja el precio de surtidor, con distinta velocidad según la política comercial de cada petrolera y los costos logísticos. También influye el reacomodamiento de los márgenes mayoristas y la dinámica regional, ya que la cercanía con otras plazas obliga a las operadoras a calibrar valores para no perder demanda.
Impacto en el bolsillo
Con la nueva referencia, llenar un tanque de 45 litros con nafta súper supone un desembolso cercano a los $90.855. Para ponerlo en perspectiva, con precios previos en torno a $1.900, la misma carga costaba unos $85.500. El salto de una sola vez exige reacomodar presupuestos familiares y empresariales, en un contexto en el que el combustible es un insumo transversal que incide tanto en movilidad particular como en fletes, taxis, remises y servicios de última milla.
En el transporte de cargas, los operadores advierten que el ajuste sumará presión a las tarifas, con traslado parcial a góndola. En el sector agropecuario, la planificación de labores y cosecha incorpora un nuevo costo, especialmente en plena ventana de movimientos de maquinaria y camiones. En tanto, los comercios que dependen del reparto diario recalculan recorridos y frecuencias para no resignar margen.
Efecto inflacionario
El incremento pone un piso adicional a la inflación de marzo. Consultoras privadas ya proyectaban un registro mensual por encima del 3%, y la suba de combustibles agrega presión directa por su ponderación en el índice y efectos de segunda vuelta en bienes y servicios. Aunque la aplicación escalonada del impuesto buscó morigerar el golpe, el traspaso a precios se vuelve inevitable en rubros sensibles como alimentos frescos y logística urbana.
Especialistas señalan que el umbral de $2.000 tiene además un componente psicológico: una vez quebrado, acelera decisiones de cobertura y actualizaciones en cadena. La velocidad de ese traspaso dependerá de variables como el tipo de cambio, el nivel de actividad y la competencia sectorial en cada mercado.
Qué esperar en las próximas semanas
Si el Brent se mantiene sobre los 100 dólares y continúa el cronograma de actualización impositiva, el sendero de precios seguirá tensionado. En el mejor de los casos, la estabilidad cambiaria y un menor ritmo de ajustes fiscales podrían dar algo de respiro, pero por ahora los operadores no anticipan retrocesos.
En el plano local, podría haber microdiferencias por bandera y barrio, e incluso ajustes en distintos momentos del día según arriben los camiones con nuevo stock. La recomendación general es chequear precios por estación, aprovechar programas de fidelización cuando existan y evaluar el rendimiento costo-beneficio de las diferentes calidades de combustible según el uso del vehículo.
Panorama por producto
Además de la Súper, los combustibles Premium y el gasoil mantienen una dinámica propia. En la gama alta, el precio venía más desacoplado por mayores costos de refinación y aditivos. En diésel, la tensión se concentra en transporte y actividades productivas, con el riesgo de que una eventual mayor demanda estacional vuelva a estrechar la oferta en algunas plazas.
La mirada de los usuarios
Entre automovilistas de Río Cuarto, el aumento reavivó decisiones de ajuste: menos viajes innecesarios, replanificación de rutinas y una vuelta a prácticas de ahorro como compartir traslados. En taxis y remises, el debate por la actualización de tarifas suma un capítulo, con el desafío de sostener la demanda en un contexto de bolsillos más flacos. En definitiva, la suba de la nafta vuelve a colocar al costo de la movilidad como una variable central de la vida diaria.



