El “trabajo raro” que paga sueldos de gerente en el campo de Río Cuarto: ¿Te animás a ser sexador de pollos?

Si caminás por la zona de Las Higueras o te das una vuelta por las granjas que rodean Holmberg, vas a ver que el movimiento avícola no para. Pero entre tanto galpón y camión sobre la Ruta 158, se esconde un secreto que pocos riocuartenses aprovechan: el sexado de pollos.

Parece un chiste, pero es una de las profesiones más buscadas y peor cubiertas en el sur cordobés. Un sexador de pollos es la persona encargada de decir, a segundos de que el bicho salga del cascarón, si es “él” o “ella”. Y no, no es tan fácil como mirarles la cresta.

La habilidad que cotiza en dólares cerca de Las Higueras

El problema es que los pollitos recién nacidos no te dan pistas claras. No hay indicadores externos que un ojo común pueda ver. Ahí es donde entra la técnica de “tanteo y observación”. Es un laburo de artesano, casi de cirujano, que requiere una sensibilidad en las manos que no cualquiera tiene.

Especialista realizando técnica de sexado de pollos en una granja avícola de Río Cuarto.
La precisión es clave: un error en el sexado puede costar miles de pesos a las granjas del sur cordobés.

En el mercado internacional, y ya pisando fuerte en las grandes avícolas que proveen a los súper de Río Cuarto, estos profesionales están cobrando fortunas. Estamos hablando de cifras que pueden rondar los 50.000 dólares anuales en el exterior, y que en Argentina se traducen en sueldos que le pasan el trapo a cualquier administrativo del centro.

¿Por qué pagan tanto? Porque si le errás, le hacés perder millones a la empresa. Si mandás un macho a una línea de producción de huevos, es plata tirada al tacho. Por eso, el que sabe distinguir un pollito con precisión del 99% es el “Messi” de la granja.

No es para cualquiera: Tres meses de estudio para dominar “el ojo del Imperio”

Si pensabas que era cuestión de agarrar un pibe de Banda Norte y ponerlo a mirar plumas, te equivocás. Para ser un sexador profesional necesitás al menos tres meses de formación intensiva. Hay que saber de biología, anatomía y, sobre todo, tener una resistencia física de hierro.

Es un laburo que se hace de pie, bajo las luces de los criaderos y con una monotonía que te puede quemar la cabeza si no tenés concentración. Además, necesitás una delicadeza extrema; si apretás de más al pollito en el apuro, lo lastimás. Y en este negocio, el estrés animal es pérdida neta de guita.

Muchos emprendedores locales están mirando esto con ojos de negocio. No solo para trabajar ellos, sino para armar cuadrillas de sexadores capacitados que presten servicio a todas las granjas del Gran Río Cuarto.

¿El fin de las manos mágicas? La tecnología que viene a revolucionar las granjas locales

Como todo en este 2026, la tecnología está asomando la nariz. En Europa ya existen startups como In Ovo que están digitalizando este proceso. ¿Cómo? Sexando el pollito antes de que nazca, directamente en el huevo.

Esto suena a ciencia ficción para algunos productores de la zona que todavía usan el método tradicional, pero es una oportunidad de oro para el emprendedor tecnológico del Imperio.

Si lográs traer o desarrollar una solución que automatice el sexado en las plantas de incubación de la zona, te llenás de oro sin tener que tocar un solo pollo. El campo riocuartense está esperando ese salto de calidad, ¿vas a ser vos el que dé el primer paso?

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